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GRAN CANARIA: UNA ISLA, SIN BARRANCOS.

artículo de opinión de José González Navarro.

Dr. Antropología y criado entre barrancos.

Cuando explicamos la orografía y geomorfología de Gran Canaria recurrimos a la rueda y radios de la bicicleta o a la exprimidora de naranjas que tiene forma circular, con punto más alto en el centro, desde donde nace la red de barrancos que la surcan de cumbre al mar. En la identidad y cosmovisión espacial del grancanario el barranco es más que un accidente geográfico: es lugar de juegos y travesuras de la niñez; el espacio que el agua hace correr, el sitio donde la abuelas iban a lavar la ropa; eje de caminos que los  cruzan o recorren en las comunicaciones históricas de la Isla; es lugar de asentamiento de muchos núcleos trogloditas que encontraron en sus laderas y escarpes estratos donde construir un poblamiento en el interior de la tierra…., los barrancos son tantas cosas que nosotros nos los hemos incorporado como parte de nuestro imaginario colectivo, son un poco nuestra forma de ser, son la Isla que somos. Hasta la mayor parte de nuestros linderos municipales, se apoyan en los cauces para separar parroquias y Ayuntamientos.

Con la llegada de los primeros pobladores los barrancos se convirtieron en bancos de recursos, y lugar de vida de los antiguos canarios, pero después de la colonización europea lo siguieron siendo más; en los deltas de los grandes cauces, y superpuestos a pisos y usos de sustrato aborigen, se canalizaron aguas y se cultivaron grandes suelos sedimentarios que millones de años de erosión fueron decantando en sus lechos.

Casi todas las localidades de la Isla y cabeceras municipales están asociadas a un gran barranco. El mismo Real de Las Palmas, vio en el borde y delta del Guiniguada una oportunidad de orilla en agua y huertas para fundar los primeros pasos de la capital de la Isla. Repartos, ocupaciones, ciclos de monocultivos, agricultura de subsistencia y mercado interior hicieron de los cauces las arterias de la Isla: barranqueras, barranquillos o  grandes barrancos surcaron la piel de la historia insular, para conectar nuestra forma interior con el borde Atlántico.

Avanzado el siglo XX y con el cambio social que nos lleva al monocultivo turístico a partir de finales de los 60, los barrancos empiezan a molestar. Se convierten en vecinos que hay que canalizar para ordenar y urbanizar sus bordes y superficie; se explotan como canteras de áridos removiendo sus suelos y subsuelos para construir más; y la cosa fue a peor porque otros se hicieron vertederos de áreas periurbanas de sólidos muebles y desechos y líquidas aguas residuales. Últimamente también se transforman y domestican para Parques Temáticos, que nos convierten en destinos iguales a otros donde están las mismas ofertas exóticas, que desde aquí, se venden como únicas y complementarias.

Con este saldo, Gran Canaria ya no cuenta con ni un solo barranco que no haya sido alterado, transformado, sepultado, canalizado, desmineralizado, o cambiado de nombre para gancho turístico. La última propuesta es la de construir un lago artificial en el delta de Güayadeque, sobre suelo público de servidumbre hidráulica, que incluye concesión a  barranco perdido.

Quizás en poco tiempo a un empresario con méritos para una rotonda a su nombre sobre un cauce, se le ocurra hacer un parque temático de un barranco, de esos que tenían cardones, tabaibas, balos, cantos rodados, nombre propio y otras especies exóticamente endémicas, para traer más millones de turistas a descubrir los barrancos que tuvimos.

José González Navarro. Dr. Antropología y criado entre barrancos.

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Una respuesta

  1. Gran Canaria seguirá siendo la isla de los barrancos porque tiene más de 70 grandes presas que cerraron los cauces para captar y almacenar el agua para la agricultura. Estas portentosas estructuras, odiadas por lo ‘arqueólogos y antropólogos funcionarios’ del Cabildo, seguirán en nuestros barrancos cientos de años. Su construcción permitió construir fincas, cultivar y comer. Y sus padres fueron los agricultores canarios, de manera particular o través de las Heredades o las Comunidades. Somos y seguiremos siendo la Isla de las grandes presas: obras hidráulicas con notorios valores históricos y lo demás.

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