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Los valores históricos, culturales y económicos de los ingenios azucareros de Telde

por Jesús Ruiz Mesa

La caña de azúcar en Canarias, la historia de una planta y su cultivo  que en muchas ocasiones ha sido motivo de monográficos, coloquios, debates, conferencias, exposiciones, estudios, investigaciones arqueológicas,  que han sido recopilados y publicados en ediciones, que nos acercan a este tema de gran importancia como lo fue para la cultura y economía con repercusiones en la sociedad del siglo XVI, el cultivo de la caña de azúcar en nuestra isla y mantener aquella producción agrícola industrial capaz de sobresalir entre otras, con un mercado predominante en la Europa de aquel tiempo.

Sobre este tema central se centró la charla taller que impartió el Licenciado en Geografía e Historia y especialista en Arqueología, José Ángel Rodríguez Fleitas, organizado por el Colectivo Turcón Ecologistas en Acción e impartido en el Molino del Conde sede del Círculo Cultural de Telde, que tuvo lugar el viernes 24 de febrero.

Una ocasión al mismo tiempo para entender la necesidad de un nuevo Encuentro con la Historia, con el vínculo reivindicativo por el rescate de Los Picachos, restos y señas del ingenio azucarero en la que cada año hay una cita para, mirando a nuestra propia historia, mostrar la necesidad de tomar acciones para preservar uno de los puntos significativos y emblemáticos de Telde y de la isla, donde surgieron los antiguos mecanismos y procedimientos para el proceso de la elaboración del azúcar como resultado del extenso cultivo de la caña que por aquel entonces ocupaba estos territorios. El ingenio de Los Picachos que, a pesar del tiempo y su deterioro, aún conserva los pilares o torres, soporte de las conducciones de agua que por gravedad caían hasta la muela o piedra donde era triturada la caña. Telde tiene una deuda con su historia y es necesario conservar este último legado cultural, en la recuperación y restauración de lo que fue el ingenio azucarero de Los Picachos.

Con el apoyo de sugerentes imágenes que informaron gráficamente de la procedencia, establecimiento, adaptación y evolución de la caña de azúcar y sus procesos de elaboración  Rodríguez Fleitas expresó los inicios de esta cultura en 9.000 a. C. durante el neolítico, cuando ya el humano buscaba y obtenía la preciada miel de panales escondidos o entre árboles para alimentarse o “endulzar” su alimento, ya existía el gusto ancestral por la miel. Se muestra dentro del arte rupestre dibujos de esta acción como la situada en la Cueva de la Araña, en Bicorp, Valencia (9.000-6.000 a.C.). La caña de azúcar (Saccharum Officinarum), tiene un origen silvestre en Nueva Guinea y Sudeste Asiático, de ahí pasó a China, India, Egipto, Persia, la trajeron enviados de Alejandro Magno, en principio con un valor medicinal extraordinario. En el siglo X se introduce en Al Andalus, zonas de Granada, Motril, Málaga, La Axarquía y es exportada a toda Europa.

Este cultivo fue introducido en las Islas Canarias a través de Madeira, a raíz de la conquista a fines del siglo XV. Durante unos cien años a finales del siglo XVI, la actividad económica de las Islas Canarias girará en torno al cultivo de la caña, su elaboración y transformación para producir azúcar y su posterior comercialización en los mercados europeos.

La caña se transformaba en azúcar y otros derivados en los ingenios azucareros, unos primitivos complejos industriales. En torno a los mismos se asentaba una mano de obra que empleaba, siendo así el origen de algunos de nuestros pueblos y barrios. El barrio de Los Llanos de Telde tuvo su origen en los ingenios azucareros instalados en el lugar.   La principal maquinaria empleada en los ingenios era la prensa para triturar la caña, en los llamados trapiches o molinos azucareros de tracción animal. Los ingenios más importantes utilizaban la fuerza del agua (molinos hidráulicos) para moler la caña. El ingenio, además, comprendía otras dependencias necesarias en el proceso de elaboración del azúcar y sus derivados.

En la isla de Gran Canaria son numerosos los topónimos que se conservan y que hacen referencia al pasado azucarero: la Villa de Ingenio, (cuyo escudo municipal representa un ingenio azucarero), Ingenio de Santa Lucía, Ingenio Blanco en Guía, Trapiche de Firgas, Almatriche en Las Palmas de Gran Canaria, etc. Un cultivo que originó una verdadera forma de vida estableciéndose en los mejores terrenos escogidos para su cultivo. Lamentablemente de esta importante actividad pocos son los restos que han perdurado hasta la actualidad. Con las últimas investigaciones arqueológicas, excavaciones y búsqueda de edificaciones destinadas a los ingenios se han podido localizar y sacar a la luz vestigios de cómo eran y funcionaban sus mecanismos, materiales utilizados, y las razones de su ubicación y su entorno. En Agaete aparecen los restos del ingenio, su acueducto y formas azucareras del mismo. Como último hallazgo el ingenio de Soleto en Guía.  

El cultivo de la caña de azúcar llevaba aparejado un complejo tratamiento de su propia planta, desde la roturación del terreno, plantación, corte y recolección de la caña, transporte, manipulación en el trapiche, industrialización, transformación, elaboración del azúcar, y comercialización. El terreno propicio y en lugares adecuados requería ser roturado, en vegas agrícolas que coincidieron posteriormente con el cultivo del plátano y del tomate. En Telde ocuparon vegas extensas, adentrándose en los límites de la población que originaron caminos y accesos de salida a la costa.  A lo largo de Bocabarranco, por el Barranco Real hasta Tara.

La planta requiere cantidad de agua y por su crecimiento agota la tierra de sus elementos fertilizantes, sometiendo el cultivo y su rotación de zafras a las llamadas Remudas de Tierra. Se hizo necesario por la cantidad de agua demandada crear infraestructuras de captación y riego, por medio de maretas, estanques, conducciones por medio de acueductos, acequias. Los ingenios disponiendo de máquinas e instalaciones complejas resultaban caros de mantener pero rentables, gracias a la mano de obra cualificada en sus diferentes categorías  y especialidades, mano de obra especializada portuguesa y esclavos africanos.

Un proceso complejo que después de cortada la caña y transportada al ingenio se procede a su preñado en el molino de sangre o hidráulico, aprovechando el salto y la fuerza del agua. La melaza resultante se calienta en calderas hasta que alcanza el punto de melado. Para la combustión se utilizaba la leña, motivo que provocó una enorme desforestación en el entrono medioambiental. Se vierte en tinajas donde se enfría retirándose la espuma resultante. Se aglutinan los cristales de azúcar enfriados en superficie y como resultante se obtiene el azúcar moreno. Se vierte para su purificación en moldes (formas) que van destilando mieles y remieles, apareciendo al cabo de dos semanas el azúcar blanco. El envasado se hacía en cajas de madera de palma.

Este proceso resultaba muy complejo y caro, aunque debido a su comercialización y distribución por Europa, los beneficios económicos para los hacendados, propietarios de los ingenios fueron muy importantes que les permitieron distribuir e invertir parte de sus ganancias en obras de arte, que trajeron a Gran Canaria, conocidas como el Tríptico de Pincel y el Retablo Flamenco del Altar Mayor de la Basílica Menor de San Juan Bautista de Telde, o las tallas gótico-flamencas del Oratorio de Era de Mota en el Municipio de Valsequillo que actualmente  se muestran en la Iglesia parroquial de San Miguel, El Tríptico de la Virgen de Las Nieves en Agaete.

La llegada de numerosas obras de arte flamenco a Canarias se explica por la fuerte relación comercial entre Flandes y Canarias por las vías de canalización económica, que originaron por parte de los propietarios de los ingenios, invertir en arte y cultura, gracias al comercio del azúcar. Obras de arte flamenco que han sido motivo de detallados estudios e investigaciones por especialistas en la materia.

En Telde aún podemos contemplar los restos del ingenio, de los seis con que contaba esta centenaria ciudad, que dominaba toda una zona dedicada al cultivo de la caña de azúcar, Los Picachos, quizás por la poca sensibilidad hacia su propia historia, hacia quienes dejaron las huellas de su existencia en y por esta tierra, parte de un legado, lo que queda de un ingenio azucarero de los siglos XV-XVI. Las instituciones municipales, Concejalías de Cultura y Patrimonio Histórico Artístico, deberían de una vez por todas, ingeniárselas, nunca mejor dicho, para crear un proyecto de investigación, estudio, conservación y mostrar ante estos restos la atención necesaria y respeto por este monumento erigido a la cultura secular de unas formas de vida que hicieron grande a la ciudad de Telde. Un marco urbano en el que a pocos metros disponemos de los elementos que formaban el conjunto del ingenio, cantoneras, acequias, estanque, y que debidamente señalizadas con la información precisa, el viandante, turista, visitante, etc, se formaría una idea de cómo fueron y en que consistían los ingenios con sus correspondientes conducciones de agua, tanto para mover los mecanismos como para, a través de los siglos, explicar los procedimientos de riego y reparto de aguas en nuestro agro. Ojalá lo podamos ver y disfrutar algún día.

Magnífica exposición de José Ángel Rodríguez Fleitas, de la rueda de preguntas y debate posterior a la charla taller muy informativa y cultural, y la iniciativa de Turcón Ecologistas en Acción en los 23 años de reivindicaciones y tarea de sensibilización por los valores patrimoniales de la ciudad. Este Taller se complementa con el “Recorrido Urbano por la historia de los Ingenios Azucareros de la Ciudad”, que tendrá lugar el próximo viernes, 3 de marzo, desde donde se partirá como punto de reunión la Plaza de San Gregorio a las 17:00 hs.  Muchas gracias.

Jesús Ruiz Mesa, colaborador cultural Telde www.teldeacue debidamente señalizadasualidad.com Círculo Cultural de Telde. Casa Museo León y Castillo. RSEAPGC. Telde, Gran Canaria, 24 de febrero 2017.

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