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Día internacional contra el ruido

Si hoy día, resucitara un tatarabuelo nuestro y conviviera una jornada con nosotros, pienso, sinceramente, que haría todo lo posible por volver a la paz eterna del más allá… a la vista y al “oído” del panorama que nos rodea …Sin duda, mucho han cambiado las cosas desde hace cien o ciento cincuenta años, y paralelamente a éste incremento hasta el infinito de las fuentes de ruido, los mecanismos legales, tecnológicos y de formas de vida para defendernos de ellas, apenas han variado, en lo esencial, desde el siglo XIX, época en la que se codificaron las teorías del Derecho de inmisiones. La conclusión es sencilla y rotunda: el ciudadano de hoy está, a menudo, mas indefenso que antes, ante el monstruo emisor constante de decibelios excesivos, desaforados y variopintos…

La jurisprudencia europea, constitucional y del Tribunal Supremo, asevera que el ruido excesivo supone una vulneración de los derechos humanos fundamentales a la intimidad personal y familiar y a la inviolabilidad del domicilio, y si la inmisión en nuestro hogar fuera muy relevante y habitual, se verían vulnerados, también, el derecho a la integridad física y psíquica. Ello nos indica la respuesta jurídica actual frente al ruido, como factor causante de ansiedad, incremento de agresividad, nerviosismo, conductas antisociales, pérdida de concentración, o incluso, de perdida auditiva. Todo esto es lo que genera una exposición a niveles de ruido excesivos, sobre todo cuando ésta exposición no es deseada.

Estamos necesitados de símbolos respetuosos con nuestros sentidos, con el entorno, necesitados de símbolos que nos conecten con la serenidad, con nosotros mismos. Son demasiadas las llamadas de atención que estamos recibiendo, de que el desarrollo sostenible, sólo será una realidad, (más allá de una mera operación de maquillaje y propaganda de algunos políticos sin principios), si cada uno de nosotros nos transformamos en personas que sepamos gozar de la vida, disfrutar de cada momento, con las cosas que nos rodean, que son muchas…. Sabiendo ir despegándonos del consumo innecesario y despilfarrador, del culto al dinero, a la tecnología excesiva. Actitudes éstas que nos roban lo único preciado y sagrado que tenemos: nuestro tiempo, el contacto profundo con nosotros mismos y con nuestros amigos y familiares, con la naturaleza reparadora, con la vida que se nos esfuma… sin vivirla con alegre, serena, meditada atención.

Si hoy día, resucitara un tatarabuelo nuestro y conviviera una jornada con nosotros, pienso, sinceramente, que haría todo lo posible por volver a la paz eterna del más allá… a la vista y al “oído” del panorama que nos rodea …Sin duda, mucho han cambiado las cosas desde hace cien o ciento cincuenta años, y paralelamente a éste incremento hasta el infinito de las fuentes de ruido, los mecanismos legales, tecnológicos y de formas de vida para defendernos de ellas, apenas han variado, en lo esencial, desde el siglo XIX, época en la que se codificaron las teorías del Derecho de inmisiones. La conclusión es sencilla y rotunda: el ciudadano de hoy está, a menudo, mas indefenso que antes, ante el monstruo emisor constante de decibelios excesivos, desaforados y variopintos…

Solamente podemos defendernos de las embestidas de dicho paladín de la desventura incívica y de la nueva barbarie con ciertas garantías de éxito, si tenemos a un ayuntamiento concienciado, con los derechos humanos fundamentales a la intimidad y a la inviolabilidad del domicilio de las personas, y no, con el empresario que se lucra con el padecimiento ajeno, sin adoptar las medidas correctoras que garanticen que su actividad no causará especiales molestias a los vecinos. Si no tenemos esa suerte, tendremos que acudir a un juez o tribunal y esperar una sentencia que nos dé la razón…, si es el caso. Afortunadamente, ese juez o tribunal, actualmente, va sensibilizándose más con este asunto, y gracias a una jurisprudencia, ya clara, va dando la razón cada vez más, a este ciudadano del siglo XXI, vapuleado por el jinete apocalíptico del ruido… Sólo cuando se acude a dicho amparo judicial con estrechez de pruebas, se pueden producir pronunciamientos desfavorables.

Pero antes de llegar a este punto de contienda judicial, cuando se empieza a padecer una agresión acústica, sea de la fuente que sea, hay que denunciarlo ante la autoridad competente, ante nuestro ayuntamiento. Nunca me cansaré de repetirlo, nada más tener constancia de que una actividad empresarial, vecinal, o municipal, nos está ocasionando problemas de ruido, lo primero, es denunciar la situación, por escrito, ante el ayuntamiento, concretando las circunstancias, los horarios etc. y solicitar una medición de los ruidos.. Esto principiará una actuación administrativa, que por sí sola puede solucionar el problema, con la necesaria insistencia del seguimiento de la denuncia: (reiteración de escritos, llamadas telefónicas etc.). Si después de esto, no nos procuran una solución, tras esperar un plazo no superior a los 3 ó 4 meses, significa, o bien que o no tienen voluntad de solucionar el asunto, o bien, que los poderes públicos competentes, consideran que la solución dada por ellos es suficiente.

Los efectos que el ruido puede generarnos en nuestra salud, son variados, dependiendo de la intensidad, del tiempo de permanencia en el lugar contaminado acústicamente etc. Contamos, a este respecto con algunos datos de la “Revista Interdisciplinar de Gestión Ambiental”, edición de octubre de 2003, que contiene una serie de artículos sobre el ruido. De dichos artículos, queremos citar, uno, el titulado “Los riesgos de vivir ruidosamente. Resultados de un estudio europeo”.

Dicho articulo fue publicado por los doctores J. Diaz, C. López, C. Linares, pertenecientes al Centro Universitario de Salud Pública de la Universidad Autónoma de Madrid, por A. Tobías, perteneciente al Departamento de Estadistica y Econometria de la Universidad Carlos III de Madrid, y por miembros del Proyecto Europeo “Traffic Noise Pollution: Similitaries and Differences Between European Regions“. Se trata de datos concretos de los efectos del ruido del tráfico en las personas, pero que pueden ser extrapolables a otras fuentes de ruido con una gran permanencia en el tiempo.

Así, de dicho estudio se infiere que puede darse “un mecanismo de respuesta acumulativo de desórdenes fisiológicos y psiquicos, que no siempre se vinculan conscientemente con el ruido por parte de los ciudadanos afectados, los gobernantes e incluso las propias autoridades sanitarias. El detrimento para la salud y la calidad de vida puede ser grave.”

“Existen trabajos, sobre todo en los últimos años, que relacionan cierto tipo de perturbaciones bioquímicas con exposición a niveles de ruido producidos por tráfico aéreo o rodado. Así, por ejemplo, BABISCH muestra que las personas expuestas a niveles elevados de ruido de calle presentan una mayor concentración en sangre de sustancias como glucosa, colesterol y triglicéridos que aquellas no expuestas.

Otro estudio de campo de MASCHKE, relativo a efectos del ruido nocturno producido por trafico aéreo, indica que las personas expuestas a esta contaminación acústica tienen una mayor concentración de adrenalina- muy vinculada a las respuestas de estrés- y cortisol- frecuente indicador de situaciones de estrés crónicas- que aquellas no expuestas. A resultados similares llega BRAUN, pero para ruido de calle”.

Se preguntan los investigadores autores del estudio que estamos exponiendo, si a la vista de las anteriores evidencias, estas alteraciones producidas por la contaminación acústica ambiental tienen repercusiones al nivel de demanda de servicios sanitarios. Al parecer, los resultados obtenidos indican que el ruido es la variable ambiental que presenta una mayor relación con los ingresos hospitalarios.

Concluyen los autores del estudio que, desde el punto de vista de la salud, tan importante es una exposición a altos niveles de contaminación acústica durante poco tiempo (aguda), como estar expuestos a niveles no tan elevados, pero durante más tiempo (crónica), debido a ese efecto acumulativo a la respuesta del estrés.

Esta conclusión lleva a los expertos a tener que aumentar el número de personas que se consideran sometidas a ruido ambiental excesivo y que podrían verse afectadas por diversas patologías a medio y largo plazo.

El nivel de decibelios del ruido, y no la fuente, se mostró, por tanto, como el factor clave a la hora de incrementar los niveles de tensión.

Hace unas pocas semanas, este abogado que les escribe, en compañía de otros compañeros especializados en estos temas, miembros de la Asociación Juristas Contra el Ruido, en un contexto de reuniones políticas y sociales con personalidades, tuvimos el honor de ser recibidos por S.A.R., la Princesa de Asturias, Dª Leticia, para hablarle de este asunto, y pedirle, que en lo que pueda, se haga eco de esta demanda social frenar el recorte de derechos medio ambientales, la impunidad a las agresiones acústicas, y la elevada exposición de ruido a la que se ven afectados muchos españoles, y desde luego, muchos ciudadanos vascos. Nos escuchó, y encontramos su apoyo, y solidaridad. Incluso nos contó experiencias personales y profesionales en su pasada vida de periodista, cuando a menudo, le tocaba cubrir noticias de vecinos aquejados de agresiones acústicas por parte de empresarios que no cumplian las normativas en su actividad, vecinos maleducados, etc.

Sí, el panorama que a veces existe, hoy dia, es el de algunos recortes de derechos medioambientales, normativas municipales y autonómicas que recortan derechos contra el ruido ya existentes, con la pretendida finalidad, totalmente errónea, de que así, se puede luchar mejor contra el paro; Indultos concedidos por el Gobierno hacia personas que han sido condenadas penalmente a penas privativas de libertad, como autoras de delitos contra el medio ambiente o de delitos continuados de lesiones, por causa del ruido; personas condenadas, que fueron causantes de un padecimiento contínuo de vecinos que vivían en colindancia con sus negocios…. Son éstos algunos de los ejemplos de retrocesos por parte de algunos poderes públicos, en la política medio ambiental contra el ruido. Por todo esto, y por todos los ejemplos, que sin duda, muchos conciudadanos nos pueden contar, a menudo con dolor, decimos que la lucha contra el ruido continua…

Alfonso Carlos Terceño Ruiz, Abogado ambientalista, miembro de ADECAVI- Ekologistak Martxan y de la Asociación Estatal Profesional Juristas contra el Ruido.

 

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