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Los silencios de Punta de las Arenas en el Club La Provincia

PRESENTACIÓN EN EL CLUB LA PROVINCIA DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA DEL LIBRO LOS SILENCIOS DE PUNTA DE LAS ARENAS DEL PROFESOR JOSÉ MANUEL ESPIÑO MEILÁN

* por Jesús Ruiz Mesa

La noche del pasado viernes 20 de abril fue presentado en el salón de actos del Club La Provincia, de Las Palmas de Gran Canaria, el libro Los Silencios de Punta de las Arenas, del profesor D. José Manuel Espiño Meilán. Profesor del Área de Ciencias Naturales en el IES El Calero de Telde, y actualmente presidente honorífico de Turcón, colectivo ecologista con el que sigue colaborando activamente. Interviene en primer lugar Gilberto Martel, miembro del colectivo Turcón, ecologistas en acción, que con la presentación de este libro toman parte en la celebración del XXX Aniversario del Colectivo Turcón Ecologistas en Acción (1982-2012).

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Gilberto Martel componente del equipo de gestión y coordinación de Turcón expresa: “El colectivo Turcón cumple hoy 30 años desde su creación, para nosotros los miembros del colectivo es un orgullo que  José Manuel sigue con nosotros, con proyectos tan interesantes como el de esta noche.  Esta es una oportunidad también para hablar de Turcón y de José Manuel, dos cosas que no se pueden separar, aunque José Manuel ha tenido su labor profesional, más personal y más centrada en su trabajo y la educación medioambiental desde hace años. El colectivo Turcón siempre ha estado implicado con José Manuel. El otro día en la presentación del libro en la Casa Museo León y Castillo de Telde hablábamos de una característica de José Manuel y que yo creo que muchos compartimos que le llevó a crear un colectivo ecologista para reivindicar, para cambiar el mundo y compartir vivencias, y es la pasión, es una persona que vive las cosas con mucha pasión y  es llegar desde tierras gallegas y descubrir un archipiélago diferente a su tierra en una naturaleza que estaba en aquella época casi por descubrir, y como él disfruta las cosas, vive con pasión la naturaleza, el patrimonio, el conocimiento, una de las necesidades primeras que surgen, cuando vives algo con pasión es compartirlo con los demás, porque no te lo puedes quedar dentro, y en esas iniciativas yo creo que movió a José Manuel crear un movimiento ecologista con los alumnos del colegio Esteban Navarro de El Calero en Telde. Y ahí surge esa semilla que ha ido progresando y madurando a lo largo de todos estos años y hoy en día tiene su mayoría de edad con creces, después de treinta años. Yo no sé si José María era consciente de lo que se iba a convertir esa semilla que plantó en el colegio cuando creó el colectivo y siguiera actualmente activo.

En todo este proceso ha habido una evolución muy importante, cuando José Manuel crea el Colectivo Turcón, hacía sólo diez años que se había creado Greenpeace y faltaban diez años todavía para que se celebrara la Cumbre de Rio 92, la Cumbre de Rio de Janeiro que sentó las bases para todo el debate que tenemos hoy en día tan en candelero, la lucha contra el cambio climático, defensa de la biodiversidad, sostenibilidad  través de la Agenda 21.

José Manuel Espiño, aparte de hombre apasionado,  un adelantado a su tiempo, un visionario que entendía que el futuro de la defensa de los espacios naturales, de la biodiversidad,  era algo que se tenía que reivindicar desde las aulas, porque en su entorno, Telde, que era nuestro municipio, Turcón está muy ligado al municipio de Telde, , casi indisoluble, un entorno con enormes valores, pero también con enormes riesgos y deficiencias y sobre todo uno de los elementos, el principal enemigo es la ignorancia, el desconocimiento. En esa labor de crear un movimiento ecologista, su gran  objetivo era la educación ambiental a través de las aulas después a través de programas educativos de mayor espectro.

En ese sentido surge la educación como herramienta de descubrimiento medioambiental, de nuestros barrancos, de la flora,  de la fauna, de nuestro Patrimonio y espacios naturales y ahí surgen esas reivindicaciones, como elementos de disfrute, no podemos dejar perder la biodiversidad de Canarias, determinados espacios naturales que son únicos, singulares con nombres emblemáticos de lugares donde nos conocimos, el Campo de volcanes de Rosiana en Telde, lugares por descubrir y valorar todavía por las instituciones, el Barranco del Draguillo que está menos valorado, el Barranco de los Cernícalos con unas luchas tremendas en su defensa, Tufia, los yacimientos arqueológicos de Telde, Cuatro Puertas, etc. El colectivo Turcón ha tenido unos planteamientos durante los años ochenta y noventa que no basta con defender una planta, una especie o defender un espacio natural concreto, hace falta un cuestionamiento mucho más amplio, incluso de modelo de sociedad.

Ahí entra la reflexión relacionada con el modelo energético, la gestión del agua, los residuos,  el transporte y que nos llevó a vincularnos con  los movimientos ecologistas en toda Canarias y en todo el Estado, a través de Ecologistas en Acción,  y que los niveles de reflexión nos llevan a plantearnos incluso temas de sociales, modelos democráticos, cómo se toman las decisiones,  la participación ciudadana como herramienta de sostenibilidad, desde esa semilla en los colegios vinculada al aula, se convierte en una herramienta de reflexión mucho más global madura y que siempre ha estado permanentemente vinculada con la necesidades de la sociedad y del planeta en este caso. Se han diversificado las actividades con el senderismo, visitas,  pero se inició también una línea editorial con varias publicaciones, y hoy en Internet el colectivo ha tenido tres páginas web diferentes.

Llegamos a estar en segundo lugar en portales a nivel nacional de medioambientales por las visitas y consultas recibidas.  Todo lo que José Manuel refleja en su novela son vivencias reales en espacios físicos, les animamos a compartir con nosotros los recorridos del litoral de Gran Canaria, que José Manuel está liderando,  en un programa de más de 30 actividades programadas y diferentes entornos de la Isla de Gran Canaria con Álvaro Monzón y demás compañeros. Descubriendo estos espacios desde el punto de vista de la sensibilidad, no del consumo,  pero si del disfrute personal como elemento de enriquecimiento, de observación. Con la lectura del libro presentado se transmite esa voluntad por sentir y respetar los espacios que recorremos. Gracias”

El autor del libro interviene y expresa: “Después de la presentación en la Casa Museo León y Castillo, han ocurrido una serie de nuevas sensaciones, de encuentros y de sorpresas que muchísimas personas han valorado, hablado, con algo que quería contar hace muchos años, y son las sensaciones de un hombre caminante. He podido analizar mejor las perspectivas que en otras ocasiones no tuve, para después de un análisis plantearme criterios de mejora y de cambio. En el programa anual de actividades 2012 de Turcón, proyecto “El litoral de Gran Canaria, al golpito”,  que hemos ofrecido,  hay una serie de recorridos que se han tratado con mucha delicadeza, preparadas con anterioridad y que miembros como Álvaro Monzón han estudiado y minimizado los riesgos al máximo para reconocer los caminos, sus variaciones, una gestión  con prioridad para poder guiar a los senderistas, con el lema fruto de una filosofía de trabajo: Enseñar para conocer, conocer para valorar, valorar para proteger y defender.

El periplo de esta novela es una historia de sensaciones y vivencias personales. Me ha cautivado desde un comienzo su andadura pues permitió iniciarme en el conocimiento del esquivo, tortuosos y sorprendente mundo editorial. Es, además, una aventura apasionante y arriesgada, a la que me asomo con una buena dosis de prudencia humildad, pues registra mi bautismo literario en los campos narrativos y descriptivos, más allá del rigor didáctico y divulgativo de una etapa de publicaciones en el campo de la educación, la dinamización y la gestión medioambiental. Los Silencios de Punta de las Arenas es el reconocimiento al esfuerzo colectivo de un puñado de personas – amigos todos – que hicieron posible que tanto su impresión como la promoción y financiación necesarias tomarán cuerpo y, que en este preciso instante, la ansiada publicación haya visto la luz, se encuentre en las librerías y pueda estar en sus manos en el transcurso de este acto. Es en suma, la historia de un sueño hecho realidad.

Agradezco la extraordinaria labor de todos los miembros del colectivo Turcón, especialmente la de aquellos que se implicaron en la gestión, promoción y difusión de este trabajo, Gilberto Martel por su lectura previa y presentación de la obra, Álvaro Monzón por su ánimo y buena gestión en labores administrativas y burocráticas inherentes a la misma, Honorio Galindo por su dedicación y tiempo incondicional y a Juan Elitio Jiménez por su capacidad, rigor y eficacia en la intendencia y contactos necesarios para la promoción, actos de presentación, difusión on-line y medios de comunicación. Agradezco la labor de otras personas que desde el camino, la senda y el discurrir por las veredas de esa cara oeste, descarnada y arriesgada del Anden Verde, me acompañaron, compartiendo vivencias geológicas, botánicas y faunísticas, sensaciones, y experiencias ya a los que fotografiaron paisajes únicos, plantas, mar y oleaje, arena y arte. El arte del viento y del agua, escultores magistrales que manifiestan su destreza inigualable en un barranco esculpido en arena fósil.

Por todo ello, José Luis González, Isidoro Facón, Jesús Ruiz, Sergio Placeres, Anselmo Marrero, gracias. A ti, Ildefonso Rodríguez, te cabe la satisfacción de firmar el excelente trabajo fotográfico necesario para plasmar en imágenes y sonidos las bellezas del paraíso que esta tarde presentamos aquí. Los Silencios de Punta de las Arenas es una historia vertebrada por un joven estudiante universitario, narrador, cronista interesado de miserias cotidianas y un experimentado y viejo pescador, anclado en una soledad eterna. Y poco de lo que voy a referir va más allá de su sentido metafórico pues no es mi intención romperles la magia argumental. Es la historia de un encuentro, de almas que se desnudan y heridas que se abre.

Es una historia de amor y de muerte. De muchos amores y muchas muertes reales y simbólicas. De personajes protagonistas con nombres inspirados en dioses y leyendas y de personajes anónimos, desheredados de la tierra, los nadies que reconoce Eduardo Galeano, que arrastran como pueden sus piltrafas y carencias por el viejo corazón de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria – como siempre le gustaba apostrofar a nuestro querido y respetado, maestro de educadores, D. Jaime O’Shanahan, nuestro añorado amigo Jaime. Es la grandeza de espacios naturales únicos cuyos nombres, sin pretensión alguna, surgen de las fuentes de la toponimia: Las Canteras, El Confital, la Fuente de las Goteras, La Montaña de las águilas, El Barranco de los Berros, Los Llanos Blancos, La Punta de las Arenas, El Andén Verde.

Es la historia de cientos de pardelas que anidan en los cantiles de Punta de las Arenas y en los escalofriantes paredones de la serranía que se desploma en el arco pétreo del Andén Verde, que hasta hace un suspiro conocíamos como pardelas cenicientas. Sesudos especialistas y eruditos ornitólogos las han diferenciado en dos espacios diferentes y ahora se denominan pardelas atlánticas, aunque con un nombre u otro, siguen siendo pardelas para los habitantes de estas islas, con un nombre u otro, siguen arribando a nuestras costas al atardecer y en sus colonias de cría los gritos lastimeros de las pequeñas pardelas siguen recordándonos el llanto de los bebés. Y es la historia de muchas especies de plantas, grandes algunas como esas tabaibas dulces de enorme tamaño, pequeñas otras como el corazoncillo o el pico de paloma, todas endémicas, hermosas, olvidadas y muchas en peligro de extinción, que prosperan sobre un sustrato arenoso y volcánico, colgadas del risco unas, semienterradas en la arena otras, amenazadas por periódicos desprendimientos.

Es la historia de un océano combativo, rugiente y erosivo y de una costa rocosa, altiva e impertérrita que aguanta firme el acoso de las olas, la fuerza de las mareas. En esta lucha de titanes, colosales rocas con tamaño de montañas, se desprenden de cuando en cuando con un horrísono estruendo que sacude el andén. Es la historia de Breogán y Amarca. Zacarías y Maite. Amor pasional, amor paternal, amor filial, amor al fin. Es una historia de equilibrios y desequilibrios emocionales, de búsquedas y encuentros, de ausencias y soledades. Son tiempos diferentes los que trata la novela: los tiempos del mar y de la tierra, del cielo, del individuo. En Punta de las Arenas, el tiempo real está marcado por la naturaleza, no lo define el móvil ni el reloj de pulsera, condicionado éste por parámetros artificiales de eficiencia energética o productiva, desdeñando e ignorando porque así interesa, los ritmos biológicos del ser humano.

Es una historia de estrellas fugaces que recorren idéntico firmamento en la Bretaña francesa que en un rincón perdido de esta isla casi redonda, pues la excepción la aporta un apéndice volcánico que le surgió en forma de pequeños conos agrupados en el norte de la misma, en la región conocida como La Isleta. Y el océano ¡siempre le océano! Cerrará el círculo, abierto al comienzo de la novela. Se trata del Atlántico sonoro, el mismo que cantara en su día nuestro egregio poeta Tomás Morales. Punta de las Arenas es eso, una punta, un saliente al mar, un atrevimiento. Por eso el mar se lleva incautos pescadores en este lugar, se muestra salvaje y bravío y cubre de espesa maresía – cuán velo lechoso que vuelve la visión borrosa – toda la costa arenosa. Para no ver el barranco, pues no quiere olvidar que aquel sustrato de arena dorada, arrebatada al océano hace ya tanto tiempo, volverá algún día, al seno de donde partió.

Al mecer de las olas que deseo lleguen las palabras y los mensajes de Los silencios de Punta Arenas y al sosiego y equilibrio del lector tras la reflexión que de la vida hacen, desde sus propios periplos existenciales, un estudiante que la inicia y u pescador que la acaba pero que, tras su encuentro, ambos reviven con extraordinaria intensidad, desde la serenidad que les infiere, saberse eternos e infinitos. Muchas Gracias”

Se da paso a la proyección del magnífico trabajo audiovisual realizado por Ildefonso Rodríguez Ramírez, del que adjunto a este reportaje les ofrece unas imágenes, que nos lleva por los paisajes de aquel entorno, de los espacios que en la bajada hasta tocar las gigantescas deformaciones erosivas de la roca, las arenas fosilizadas, la flora endemismos de la zona y observar el Atlántico sonoro como rompe entre los desprendimientos basálticos y rocas de caprichosas formas, un espectáculo natural digno de este recorrido visual.   El acto de presentación finaliza con una rueda de preguntas y debate en torno al trabajo literario de José Manuel Espiño y a una serie de preguntas respecto a los puntos de vista medioambientales, espacios naturales y ecologistas de los temas tratados. El autor dedica su firma en el libro, una obra que nos descubre con la sensibilidad de un observador, de un senderista, de un vitalista apasionado de la isla que nos lleva hasta Los Silencios de Punta de las Arenas, José Manuel Espiño Meilán. Muchas gracias.

Jesús Ruiz Mesa, colaborador cultural Telde y www.teldeactualidad.com. Telde 21 de abril 2012

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