Amnesia de altura

Juanjo Jiménez

La Provincia, 21-1-2009

La Gran Canaria interior se está despoblando. No tanto las cabeceras de los municipios de medianías y cumbres, que siguen manteniendo mal que bien sus menguantes censos, pero sí los pagos pequeños, aquellos que estaban vivitos y coleando gracias a la ganadería y la agricultura.

La cosa principal uno, pues que no hay vacas. Si acaso unas cabrillas, que son más fáciles de llevar. Y la cosa principal dos, que no está el canario nacido a finales del siglo XIX o principios del XX, el que pertenecía a la generación que aún mantenía la memoria viva de la transmisión oral, aquella que también fue a la guerra, y que a su vez recordaba vivamente las cosas de sus abuelos, de cómo llevaron los roperos de la casa encima de un burro, o encima de ellos mismos durante kilómetros y kilómetros de barrancos. Sí acaso quedan sus hijos, generalmente un matrimonio que hace varias décadas reside solo y cuyos hijos se fueron a trabajar al sector servicio en los 60 y en los 70.

Este matrimonio, o generalmente un viudo o viuda, que han quedado como islas dentro de la isla, recibe la visita de hijos y nietos los fines de semana. En la mayoría de los casos han vivido largas temporadas en la capital, han viajado, han tenido trabajos en otros lugares, lo que está estupendamente, cómo no, pero han ido perdiendo el acervo, incluso el diccionario de los canarismos que manejaban sus padres con la pasmosa naturalidad de la rutina.

Igual ocurre con la ropa, con los trastos de la casa y con todo lo que tiene que ver con la lógica modernización y las comodidades de los tiempos.

El resultado es obvio. Las terrazas, huertas, viviendas, senderos, gañanías, el entramado hidráulico -la historia toda-, está quedando en el sotobosque de las tuneras, oculto por la maleza, y únicamente escapan aquellas casas que siguen siendo atendidas por cuatro de las cuarenta familias que llenaban un núcleo cercanamente remoto.

Y es pasmoso cómo en una isla tan pequeña no se haya diversificado la economía para fijar a los jóvenes en esos paraísos ni con turismo, ni con ganadería, ni con agricultura. Parece que para las administraciones sólo exista el raso de la marea y que la altura les produzca amnesia.

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