Piscifactoría y contaminación en las costas de Telde

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Melenara-Salinetas, crece la polemica

La costa de Telde, en el Este grancanario, tiene sus encantos, pero, a veces, le supera sus debilidades. Una de ellas es la contaminación que llega a sus playas cuando los vientos alisios se olvidan de nosotros por unos días y las calmas convierten al mar en una planicie de gran belleza. No presumo de conocer el litoral del municipio mejor que nadie, pero la experiencia de haber veraneado en sus diferentes playas desde que tengo uso de razón, el patear en otros tiempos por sus riscos y zonas arenosas y la observación de sus rincones desde la navegación por el mar me han aportado algo de conocimiento sobre su realidad.

La implantación en la bahía de Melenara de una piscifactoría, dedicada a la crianza de lubinas y doradas, supuso una actividad generadora de riqueza, alternativa a la pesca tradicional en declive, pero también se erigió en un enemigo potencial por la basura que generan los sedimentos de los miles de kilos de los productos utilizados a diario para el engorde de los peces. Y así ha sido. Basta con acudir a las hemerotecas de los periódicos para verificar que las noticias sobre la contaminación medioambiental en Salinetas y Melenara que tiene como germen a las jaulas marinas instaladas a unos 300 metros de la línea del litoral son constantes, se repiten casi todos los años, especialmente en los momentos en los que las condiciones meteorológicas trastocan la dirección de los frecuentes vientos de componente Noreste, que suelen desplazar los desechos de la piscifactoría hacia el Sur.

Ocurre, entonces, que Melenara y, sobre todo, Salinetas pasan a ser refugio de los residuos que tienen su origen en los piensos con los que se alimentan a los peces en los viveros que explota la empresa Adsa. El agua se vuelve turbia y con un olor desagradable y en su superficie flota una película amarillenta de grasa que llega a la orilla.

Lo ocurrido estos días no es, por es tanto, algo novedoso. Sin embargo, parece que existe una extraña alianza de empresarios y políticos para hacer creer a la población que el foco originario de este problema es otro, en un claro insulto a la inteligencia ciudadana.

Es muy probable que a la suciedad que crean las 24 jaulas operativas se sumen otros elementos contaminantes, pero resulta difícil de entender que después de más de 10 años de presencia de esta actividad flotante aún haya que esperar por nuevos análisis para determinar si ensucia o no nuestras costas.

Carmelo J. Ojeda Rodríguez es catedrático de Geografía e Historia, director de TELDEACTUALIDAD Y colaborador de Canarias7.

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